XXI
En este punto embarazoso de la visita, Gracián se hizo anunciar discretamente, y á poco entró en la estancia con un feliz gesto de vanidad y triunfo.
Tomó entonces la conversación giros alegres, y recayó en el próximo viaje de ambas familias á un mismo pueblo montañés.
—Pueblo de pesca—exclamó Gracián, festivo—; yo creo, señoras, que debemos tomarle á pequeñas dosis, en clase de medicina corporal, pero con precaución, para que el ánimo quede ileso de nostalgias y enfermizos decaimientos... Debemos ir con frecuencia á la playa de la ciudad, que va á estar muy animada, según mis noticias.
—Yo estoy invitada en Las Palmeras con mucho empeño—dijo la de Villamor, y dirigiéndose á María, que permanecía silenciosa, añadió:—Tú irás también.
—No le tengo cariño á aquella casa—respondió, la señora con un tono muy desusado en ella.
Eva, con intención astuta, se apresuró á decir:
—Creí que guardaría para ti adorables recuerdos...