—Pero ¡si es una delicia de muchacho!—afirmó su hermana Isabel—¡Dios me libre de los hombres guapos!... ¡son tontos de capirote!—Y miraba de reojo á Luis Galán.

—El talento no sirve para nada—dijo el buen mozo, sonriendo.

—Ni siquiera sirve para disculpar la pobreza—añadió Clarita, dándolas también de ingeniosa.

—Ser pobre es peor que ser tonto—aseguró Benigna muy formal—. Quizá son ambas la misma cosa...

Eva, que estaba sobre ascuas, al escuchar tan necias alusiones, quiso desviar la conversación, y dijo, con gesto desdeñoso, que la de Ramírez le parecía algo fané.

Galán, torpemente, se permitió contradecirla, opinando que tenía muy buen ver aquella señora.

Cuando quiso Eva confundirle con una mirada de reproche él estaba ocupadísimo en cultivar la simetría de su barba sedosa.

Mientras tanto afirmaba Clarita, muy risueña:

—Esa pobre Luisa «ya se ha caído»... He aquí para lo que sirve el talento... ¿No os lo dije?