—¿Tan poco valor tienes?

—A veces el huir es una hazaña de valor y honradez.

—¿No decías que era posible un amor sin delito entre los dos?

—Ayer habló el poeta; hoy el hombre no teme al amor absoluto que tú llamas delito, pero el caballero tiembla al pensar que su pasión arroje una sombra, un dolor nuevo sobre tu santa vida.

—Sí, sí; dolor y sombra, y pecado también, nos amenazan, Diego.

—Amor de este linaje todo lo ennoblece y Dios lo mira con piedad; al mundo temo, y le temo por ti.

—A una mujer que atropella su honor, que falta á sus deberes, ni Dios ni el mundo pueden perdonarla.

—El honor... el deber...—murmuró Diego—mi conciencia vacila en esta lucha atroz de sentimientos que pugnan con todas las arraigadas creencias de mi vida, y estoy odiando ese montón de leyes y convencionalismos que atan un corazón á perpetuo yugo sin dejarle más esperanza que la muerte.

—Son decretos del cielo los que atan así los corazones—protestó María con mansedumbre.

—No; son absurdos lazos con que el mundo encadena. El amor es un sentimiento que nace libre por ley divina.