—Pues no llores, no padezcas sin buscar las dulzuras benditas del dolor. Tenemos en nuestros corazones el secreto de la felicidad, que no consiste en una bienandanza pacífica, sino que es el ejercicio de todas las facultades del alma, la lucha heroica de todos los sentimientos, en torno á una gran pasión... Sólo aquellos que aman mucho saben lo que es felicidad...

—Y aunque pasen los años—dijo ella, avara de la prometida ventura—, ¿me querrás siempre?

—Para los sentimientos eternos el tiempo no existe, y el mío es de los que alcanzan más allá del tiempo y de la muerte.

Cayeron estas graves palabras del poeta en el hondo misterio de la sima y se acordaron con la eterna canción de las aguas, con esa estrofa inmortal que rueda por el mundo en cadencia de plegarias, arrullos y sollozos, besos interminables, y silbos desesperados de agonía; porque tal vez sea la voz humana á quien Dios ha confiado la misión de perpetuar toda la poesía, el dolor y la gloria de los grandes amores que pasan por la tierra peregrinos y errantes en las almas...

La tarde moribunda se recostó á la sombra de los montes.

Eva y Gracián hicieron por fin un alto decisivo para entrar en la vega con los rezagados paseantes. Marchaban los cuatro en extraña conturbación, como si llevasen el peso de una noticia sorprendente... En tan rara actitud les halló la luna al asomarse al llano; la luna llena, que mostraba en la redonda faz un gran asombro...


VI

Un beso muy largo á su hijo, y á su mujer un ruego así: