—Mi hijo—añadió la marquesa—le animó á que pasase aquí el verano.

—¿Y está contento?

—Galán lo está siempre; y además—insinuó confidencialmente la dama, recatándose de doña Manuela—tiene ahora motivos para estarlo... Eva, la más linda muchacha que tienen ustedes en la capital, le distingue mucho, ¿no lo ha observado usted?

—Apenas he tenido tiempo... Bueno sería que á ella «la distinguieran» al fin...

—Sí; tiene poca suerte, porque es muy bonita, lleva un apellido ilustre, y se está «quedando»...

—Los apellidos y la hermosura valen muy poco si no les acompaña el pícaro dinero. ¡Vivimos en época tan prosaica!

—¿Pero es cierto que están...?

—¡Tronadísimas!

—¿Y ese lujo, entonces?

—El último esfuerzo para atrapar marido, un esfuerzo lleno de vanidad y de angustia.