—Mañana se lo contaré á la señorita...
Y la besó las manos con ternura tan honda, que María, sintiendo la emoción de los instantes sublimes, puso los labios con benignidad sobre la frente de la doncella... Por diversos caminos del jardín se alejaron las dos hacia la casona, conmovidas y desconsoladas.
El rostro pálido y sobrenatural de la luna las estaba mirando desde el cielo con trágica sonrisa...
XIV
Al medio día cruzó con estrépito la carretera un automóvil, que giró por un camino vecinal entre las mieses, y se detuvo en la portalada orgullosa de la casa de Ensalmo. En el grave edificio hubo un revuelo de curiosidad, y la casita de Eva conmovióse también con la rápida trepidación de unas persianas. Rafaelito, disfrazado ventajosamente con el saco flotante y la carátula de automovilista, descendió del carruaje con una señora que, despojada de gasas, túnica y sombrero, resultó ser Benigna. Con alborozo y gritos asaltaron la casa los dos hermanos, pidiendo su cubierto en la mesa, y asegurando que llegaban con un hambre feroz, y que el heno en tendales de los campos les había dado una gana terrible de pacer...
Lali estaba muerta de risa, y María, recibiendo á sus primos, cariñosa, ordenó que la comida se sirviese pronto.
Expusieron los de Coronado con aceleramiento su propósito de llevarse á María y á Eva, aquella tarde, con los niños; venían por ellos decididamente; era menester sacar un poco á las dos señoras de aquel abismo de hoces y de torrentes, de campos agostizos y lánguidas arboledas... La playa estaba hermosa todavía; los nenes tenían que bañarse... Pero, ¿qué reclusión era aquélla? ¿Acaso un voto?... ¡Y los maridos por esos mundos!...
—Gracián divirtiéndose como un muchacho soltero—aseguró Benigna, sonriente y perversa.