—Sí; estaré muy contento.
Eva, inclinada á ceder, con jovial tono se querelló del nene:
—Yo voy á estar celosa de tu Lali... La quieres más que á mí...
Luego, irresoluta:—No sé que hacer—decía—, ¡le ha probado tan bien la aldea!
María insistió.
—Déjale...
Y Tristán, muy bajito:
—Sí... sí... me quedo con Lali.
—Dos ó tres días, si acaso—fué concediendo la mamá.
Todos quedaban satisfechos. En Las Palmeras el niño no hacía falta; sólo Eva para divertir á Gracián, ó María para contenerle, á ver si librando á Casilda de su asedio, arreciaba ella en las insinuaciones en torno á Rafael, y antes de partir la condesa dejaba comprometido con una declaración categórica al constante enamorado de Luisa Ramírez... Todo un plan de enredos y artificios, fraguándose en el ocio de la quinta...