Hubo un movimiento de inquietud y curiosidad.
—¿Ha caído el ministerio?—preguntó López con voz suave.
—¿Se acaba el mundo?—suspiró tediosa la voz lastimera de Teresita.
—¿Ha dado á luz la reina?—interpeló Pizarro.
—No es nada de eso... tranquilizaos—repuso el marqués con un gesto enigmático.—Mis noticias son un poco más modestas y de un orden que pudiéramos llamar interior... sin alcance universal ni político... Una de ellas es que mañana llega Gracián Soberano...
—¡Gracián aquí!—exclamaron varias voces.
Y muchos ojos se volvieron indiscretos hacia la marquesa.
Sonriente, un poco pálida, la señora disimulaba con maestría su turbación, no obstante las miradas tenaces de sus hijos.
—¿Quién te ha dicho que viene Gracián?—preguntó Rafael, intranquilo y ceñudo, sin apartar los ojos de su madre.
—Esa es otra de mis noticias—añadió el prócer, acariciándose la barba y sonriendo con grande complacencia—. Me lo ha dicho un periodista madrileño..., poeta..., autor dramático..., muy amigo mío...