El camino serrano, confuso y mazorral, se embravecía, brindándole á la moza la imagen bárbara de su vida futura. Allá abajo ondulaba la tierra blanda y fácil, y cantaban las aguas entre alisos, mientras el hombre, ideal para la moza, estaba atento á la cita de amor...

Puso Rosita en los ardientes ojos una inmensa ambición hecha pedazos, y su mano gentil, de ciudadana, hizo una breve cruz sobre la frente que latía en cruel borrasca de pensamientos. Dió cara al monte, y afirmó sus delicados pies sobre cantos y abrojos con fiereza.

Manuel, con su palo formidable, trataba de abatir la bravura del camino... Ambos, mudos y lentos, se esfumaron en la gris cerrazón de la montaña.


XXIV

Tormentosa aquella lunación, que nacía sobre la tumba de Tristán, clamaba el viento en los «ansares» desgajados, y las nubes, bajas y ceñudas, tendieron sobre la vega inclementes augurios.

Atardecido apenas, Diego vió flotar en el huerto de María un traje señoril; bajó á perseguirle, y un minuto hablaron los enamorados á la lívida luz de aquella hora. El breve coloquio rompióse en quejosa palabra, que parecía ensombrecer más el cielo, dilatando el horizonte en una inmensidad de pena.

—¡Adiós!...

—¡Adiós!...