—Por Dios, Clara... es usted un diablillo delicioso... Nenúfar llega de un largo viaje, y estando usted aquí querrá presentarse como él sabe hacerlo...

—Sí, hecho un cursi—criticó Isabel, implacable—, con monóculo y gardenia..., diciendo palabras azules..., recitando versos modernistas, con ripios verdes..., y quedándose á comer todos los días con un apetito negro... Pero, papá, ¡qué amigos tienes!

Con mohines de protesta acudió Clara á decir, fingiendo grande enojo:

—¡Vaya! No consiento que se calumnie á mi poeta...

La voz melodiosa de Luisa Ramírez cortó los vuelos de algunos chistes equívocos que empezaban á brotar de aquellas boquitas maliciosas.

—Me habían dicho—refirió Luisa—que esta noche el marqués les iba á presentar á ustedes nuestro poeta..., un poeta de verdad...

Y resonó en la sala el bronco acento de Rafaelito, lanzando un nombre:

—Diego Villamor...

—Es cierto—afirmó el marqués—, á mí me encanta la amistad de los intelectuales... ¡Ah, señora! La literatura, el arte, la poesía... son... á no dudarlo... mis más preciados blasones... El talento... es mi flaqueza... Admiro mucho el talento de Villamor, y no esta noche, pero sí muy pronto, he de traerle aquí... ¡Oh los poetas!... Siempre fuí amigo de todos los poetas... Yo mismo hice versos en mi primera mocedad... Tuve el honor de ser premiado en algunos Juegos Florales...

Débilmente, saltando á otra silla, Teresita gimió: