De mal talante corrigió Pizarro.

—No es que yo numere por capricho este que hoy estreno; le clasifico usando de esa especie de adjetivo que anda por ahí ahora; se dice: «el primer susto»... «el primer sablazo»...

—¡Ah!... ya...—suspiró la niña en el colmo del aburrimiento.

—Entonces—dijo sonriente la marquesa—este será «el primer verano»...

—Perfectamente—aseguró López muy cortés.

Y Pizarro suplicó, dirigiéndose á la señora de la casa:

—Me dará usted su permiso para tiritar... no puedo remediarlo.

Condescendiente, la marquesa, le replicaba:

—Está usted muy exagerado en sus lamentaciones, amigo mío; hace un poco de fresco, la temperatura propia del país; á mí me placen sobremanera este cielo nublado y esta brisa del mar, refrigerante y pura...

—Ya... ya...—murmuró Teresita.