Hablaba Nenúfar «en castellano», reposadamente, y miraba á Rosita con ansiedad.
—¿Y quién te manda ese dinero?
Tras una breve vacilación se hizo traviesa y divertida la expresión de Nenúfar, para responder:
—Pues... no sé si tú le habrás oído nombrar... un señor de muchas campanillas, un tal Don Homero... que hace versos conmigo...
—¿Don Homero?... No... no caigo... ¡Si fuera Don Honorio!... A ese le conozco mucho porque va á mi pueblo todos los veranos...
Recreándose en la credulidad de la muchacha, muy risueño, Nenúfar dijo al punto:
—Este no ha ido nunca á tu pueblo... me parece... Es un señor muy distraído... Aliquando dormitat... y si no se acuerda de mandarme á tiempo esos cuartos, voy á pasar mañana un sofocón...
—Yo tengo cinco duros... si fueran bastantes...
Pronto y alegre respondió el bohemio:
—Sí, con cinco duros ya me puedo arreglar... En cuanto llegue á Madrid se los cobro á mi socio, y te los remito...