Con la satisfacción del triunfo había levantado la voz el galancete, y la costanera roca se apresuró á repetir:

Mito...

Quedó el eco prendido en el espacio como una advertencia ó como un reproche; pero Rosita no pudo recoger el extraño aviso, ignorando que «mito» fuése una palabra expresiva y útil, acaso sentenciada en los aires para ella.

Y Nenúfar no estaba para reparar en coincidencias acústicas, gozoso de no sacar vacías sus aprovechadas manos, en aquella singular aventura veraniega.


XVII

Junto á la verja blasonada, el automóvil de los marqueses, un doble faetón magnífico, estaba dispuesto. Ocupáronle las señoras mientras el marqués montaba en el Panhard de su hijo, que esperaba también.

Partían camino del valle hermoso y triste donde María Ensalmo levantaba el altar de sus bodas. Iban las damas alegres porque muy pronto regresarían á su amado Madrid; parecía que la marquesa había envejecido un poco; mas la albura sutilísima del velo que nimbaba su semblante y la volubilidad graciosa de su palabra, dábanle en aquel momento una traza juvenil y placentera.

López, el incansable amigo provinciano, última visita de Las Palmeras, había acudido á despedir á los viajeros, y contempló á la marquesa con tan intenso arrobo, que hasta sus tercas muletillas le temblaron cobardes en los labios.