—He venido porque me dijeron que estábais preocupados por la salud del pequeño... como ya sé lo que es apenarse por los hijos, me acordaba mucho de vosotros y deseaba veros... quise traer á Lali para que jugase un rato con Tristán... pero le encuentro animadito... eso no será cosa de cuidado...
La timidez cariñosa y simpática de aquel exordio, suscitó en la conciencia de Eva un involuntario remordimiento; casi conquistada por la cordialidad de María, respondió:
—Pero va siendo muy larga esta dolencia y me inspira mucho recelo... Cada día está el niño más flojo... A las horas del recargo da pena mirarle...
—Un poquito de anemia... en cuanto avance la primavera ya verás cómo se repone...
—Al contrario, el verano de Madrid le daña mucho...
Quedaron silenciosas, como si ambas temiesen avanzar en la conversación. Al fin María, indecisa, observó:
—Tampoco este año podréis ir á la Montaña, si Diego no tiene vacaciones...
—Aunque las tuviera, no iríamos—dijo Eva, amargado el acento, fijos con tenacidad los ojos en la mezquina estera del piso.
Arriesgándose con precauciones en la dificultad de aquel diálogo, propuso María:
—En ese caso me podías confiar al nene; yo le llevaría con mucho gusto y le cuidaría como si fuera hijo mío...