—Yo soy enfermo y triste; una pena que tengo no sé dónde me va creciendo y me hace llorar... ¡Voy á morirme!
—No, no, calla.
—Tú misma lo has dicho.
—¿Cuándo?
—Una noche... Dijiste que papá tendría la culpa, ¿te acuerdas?
Turbada y dolorida, murmuró la madre vagamente:
—De nada quiero acordarme...
Y ambos siguieron el camino desalentados y mudos.