—Calla, mujer, eso es aparte...

Hubo un silencio malicioso y risueño; luego, Benigna reanudó el palique.

—Oye; á mí se me figura que Rafael, á ratos, también se enamora un poco de María.

—Lo que has notado es lástima, no es amor.

—¿Lástima? ¿Y de qué?

—Cosas raras de ese chico. ¿No sabes que resulta romántico y piadoso?... Se le antoja que María es desgraciada.

—¡Si dijera que es boba!... Podía ser hoy «la primera» mujer de Madrid.

—Ya lo creo... Mira que ha tenido perseguidores...

—Y los que tiene.

—Pero es inabordable.