Quedáronse un punto calladas las dos señoritas, y de pronto Benigna exclamó triunfante:
—Tengo una magnífica idea.
—A ver...
—Si Casilda viniera con nosotros á la Montaña, teníamos ya seguras las visitas y las diversiones. Ella serviría de gran reclamo á nuestra tournée; tal vez Rafaelito cayera en la tentación de pretenderla formalmente y al fin quedase roto su pertinaz idilio con Luisa, esa extraña afición con amenaza de boda, que á todas nos disgusta.
Dijo Isabel pesimista:
—La Manrique no irá á Las Palmeras, hija mía; tiene un plan de veraneo «que quita el sentido»...
Maliciosa y porfiada, Benigna insinuó:
—Si sabe que Gracián va por allí, irá contenta, de seguro.
—Pero él va solamente á dejar á María en su casa del valle.
—Si Casilda está en la playa, Gracián nos hará una visita.