Dieron la vuelta al estanque, tomaron hacia la derecha, y en el más adoselado y fragante rincón del Retiro, vieron á una señora y á un nene, sentados en un banco.

Ella parecía leer alguna cosa insulsa en un periódico, mientras que el nene parecía descifrar algún misterio tenebroso en la arena fina del camino, tanto sus ojos se fijaban en el suelo, inquisitivos y asustados.

Dos movimientos de distintos afanes se produjeron en el banco, cuando se detuvieron ante él, la niña y el caballero.

Maravillado y feliz, Tristán dijo únicamente:

—¡Lali!

Y tendió los brazos hacia su amiguita con un impulso de fascinación.

Eva exclamó con sincero asombro:

—¡Ah!...

Y se quedó confusa y risueña ante el rendido saludo de Gracián. El cual, á guisa de explicación, dijo con un acento insinuante:

—La niña me ha contado que usted viene todas las tardes á este sitio, y hoy he querido que ella me guiase hasta el lugar dichoso donde usted se esconde, cada día más bella y más esquiva...