Otros detalles se añadían y se relacionaban con el anunciado viaje de Manuel Jesús.

Ahora Tomasuca intenta saber más: asocia aquellos rumores con la turbación que ha notado en los dueños de la casa, y pone atento el oído a lo que se diga en el establo o en el cortil, a las frases nuevas que lleguen con el oreo de la noche.

Y no tarda en satisfacer la curiosidad, como si al conjuro de su perverso instinto se movieran en la sombra las voluntades para servirla. Es la propia Encarnación la que aparece en el camino real, y se acerca a la casa muy despacio: lleva sin duda un oculto propósito.

—¡Chis... oye...! ¿Querías alguna cosa?

—Acertaste.

—Pues aquí me tienes—dice Tomasa desde un antepecho al nivel del portal.

—No es el mensaje para ti.

—Lo supongo.

—¿Entonces?

—Se le daré al ama.