—Ha venido.
—¿Cómo...? ¿De veras?
—Ha desembarcado en Torremar.
—¿Cuándo?
—Esta tarde; mañana estará aquí.
—¿Tan pronto?—murmura la envidiosa, temiendo que se realicen los anhelos de Dulce Nombre.
—¿Pronto...? Diez y seis años lleva en Cuba... sin cansarse de querer—subraya Encarnación.
—¿Ese recado traías para «ella»?
—Ese mismo.
—Se le daré... ¡Cuánto se va a alegrar!