—Ese muchacho nació de pie, como sea cierto que viene rico y gasta cabal salud.

—Si les acuden a los dos todos los beneficios—dice Alfonsa la de Paresúa, persignándose al acabar un responso—, ella bien lo merece: ha usado la humildad y la prudencia donde otras hubieran puesto la ufanía y el abuso.

—También el amo era buena persona.

—Nadie lo niega.

—Honrado y dadivoso...

—Y amigo de los pobres...

—Pero con la enfermedad y los años ha sacrificado a esta criatura, ¡la mejor del mundo!—vuelve a insistir Alfonsa, ponderativa.

—El padre tuvo la culpa.

—Es el sino de cada cual.

—Aun le queda a la moza tiempo de ser feliz.