—Pero, ¿qué dice?—interrumpe la enamorada con vehemencia.
—¡Ah! Que tenía muchísimas ganas de venir... Trae dinero ¡Hay que ver lo guapo y mozo que está!
—Te pregunto lo que dice de mí.
—Pues... ¡figúrate...! El te quiere de un modo atroz.
La madre asoma una leve perplejidad en sus contestaciones; ella, tan categórica y ejecutiva, parece algo incierta de lo que asegura.
Sorprende al vuelo Dulce Nombre aquella insignificante desanimación, y pretende sonreír, embozando su zozobra.
—¿Por qué no ha venido?
—¡Mujer, estábais aquí de entierro...! ¡Llegó tan cansado...! Se acostó al mediodía...
-¿Sí?