—Nada.
—¿Cómo nada?
—Estoy... escuchando.
—¿Y qué escuchas?
—¡Qué sé yo...! Las voces del viento.
—Pues oye una cosa que yo te diga.
—¿Sí? ¿Una cosa...? ¡Ay!
—¿Qué?
—No; no la quiero saber.
—¿Te da susto?
—Nada.
—¿Cómo nada?
—Estoy... escuchando.
—¿Y qué escuchas?
—¡Qué sé yo...! Las voces del viento.
—Pues oye una cosa que yo te diga.
—¿Sí? ¿Una cosa...? ¡Ay!
—¿Qué?
—No; no la quiero saber.
—¿Te da susto?