—Sí comparo, sí—replica Tomasa, muy tozuda—; la de Barreda no tiene dote, pero es una señora de principios.
—Con treinta años lo menos.
—Para don Ignacio más aparente que esta otra.
—Por la edad.
—Y por la educación.
—Mira, no le des vueltas: Dulce Nombre lo tiene todo. Es guapa, graciosa, tan aguda que siente crecer la lana de los corderos, brotar las flores en el campo y caer los copos de las horas.
—¡Pues no has dicho tú nada!
—Sabe de lectura y de oraciones; sabe hablar y reír mejor que nadie en el mundo.
—¡Echa, echa...!
—Lo cierto es—interviene Alfonsa, sin levantar los ojos de su tejido—que esta chiquilla de Martín se lleva los corazones. Yo no entiendo de hermosuras, pero tiene un mirar que todo lo consigue.