—¡Eso!—afirma Gil, impetuoso—yo he estado en Madrid... ¡Imagínate si habré conocido mujeres...! Y en África, al trato con las moras, que lucen los ojos más atroces del mundo; pues no los he visto nunca, jamás, como los de Dulce Nombre: las chispas de luz que le resplandecen a la vera de las niñas no son cosa de criaturas humanas.
—¡Ay, hijo, qué exageraciones!—interrumpe la envidiosa—. De todos modos, esa iluminación que dices no se enciende para ti; la has visto por casualidad.
—La he visto como tú ves al sol, que también sale para las víboras.
—¡Lagarto!
—¡Vaya, vaya; no os acaloréis, que está de Sur—recomienda Alfonsa, cachazuda, entre los dos porfiadores. Vuelve al molino, como Tomasa, con un deseo invencible de saber, y teme que la discusión malogre su curiosidad.
Ambas mujeres han contado en Luzmela y Paresúa la entrevista madrugadora del indiano con Martín, y se conjetura el secreto de aquella visita, vislumbrado al través de muchos detalles elocuentes.
Porque Malgor iba en su tílburi a media mañana por la carretera, muy afanoso, y el chaval que le sirve dijo luego que su señor se había detenido en Cintul para tener una larga conferencia con la madre del seminarista.
Volvió a Luzmela el pretendiente, dejó el cochecillo en su casa y subió a la torre, donde estuvo de palique con don Nicolás hasta cerca de las dos. Rosaura, la mayordoma del hidalgo, le contó a la panadera que los amigos habían discutido con mucha tenacidad. Fuése Malgor desde allí a ver al señor cura, sin permitirse un descanso para comer. El cartero le encontró en la rectoral; como ya estaba imbuído por los rumores populares, se fijó en que don Ignacio tenía los ojos febriles y muy acentuada la palidez, y le pareció conveniente divulgar tales observaciones mientras repartía la correspondencia....
Diríase que el ábrego, caliente y murmurador, aventaba en los poblados las noticias metiéndolas entre las ranuras de las ventanas, arrastrándolas por las mieses, alzándolas hasta los invernales. Del monte viene Gil y ya sabe de aquella novedad lo mismo que la gente del llano.