Y parece que las suposiciones y los descubrimientos deben hoy arrumbar con las aguas del molino y patentizarse en las roncas espumas. Así los labrantines que tienen un celemín de grano acuden a formar ávido rolde en torno a los manaderos de la harina.

Las palabras y las ruedas zumban en el salón bajo el polvo del maíz; en el canal bulle el rebalaje y saltan las chispas del rodete poblando de sones extraños toda la fábrica; silbidos y cuchicheos, estertores y arrullos que se extienden como un canto fuerte y misterioso encima del edificio.

Siente Dulce Nombre que todo aquel tumulto la persigue, busca, sin saber dónde, algún consuelo, y sube una vez más a su dormitorio: en la incertidumbre de aquel día ha registrado los rincones familiares con loca impaciencia, sin que le sirvan de refugio.

Se abre al ocaso una de sus ventanas sobre el río y a ella se acoge, atraída desde el cielo por la hendedura roja que el occidente descubre.

Está el aire templado y limpio, llena la hora de sublime placidez y recibe la niña una secreta esperanza de aquel celaje roto bajo el cual agoniza el sol: no sabe que la belleza de las cosas vive en ella misma como un reflejo inmortal; pero intuye, vagamente, el poder de la divina gracia, y se entrega a su influjo con anhelo sobrehumano.

Las nubes luminosas del poniente levantan hacia sí aquel abrumado corazón, y Dulce Nombre recobra un poco de serenidad. Está segura de que no ha prometido nada a su padre; no, al contrario, le dijo con mucha firmeza:

—Soy novia de Manuel Jesús; no quiero a ese señor—. Una y otra vez repitió la misma negativa, sin oír las súplicas ni las reflexiones, sin atender, siquiera, a los mandatos.—Soy novia de Manuel Jesús; no quiero a ese señor.

Martín no logró arrancarle otra respuesta. Depuso el tono autoritario, nuevo en él, y acudió a los reproches:

—Es la primera cosa que te pido... Yo me he sacrificado por ti; me pude casar y por no darte madrastra vivo sin mujer en los años mejores de mi vida...

Habló lleno de pesadumbre y amargura, con esa propiedad sobria y certera que el pueblo montañés infunde a su lenguaje.