—Buenas horas de venir ¿eh? No he podido más: estuve de negocios.
Se estrecha un círculo a su alrededor; la comentada visita del indiano a Cintul acude a la memoria de cada uno; desde las tolvas se acerca Dulce Nombre a su pesar, y Encarnación, que la aborrece, según dicen, pone en ella los ojos con dulzura.
—Pues sí—añade—, estuve tratando del viaje de Manuel Jesús.
—¿El viaje...?
—¿Se va...?
—¿Vuelve a los estudios?
Estas preguntas simultáneas y lógicas se interrumpen bajo el peso de la inesperada contestación:
—Embarca para las Américas.
—¿Cómo?
—¿Cuándo?