Recapacita la mujer de Cintul y le dice a Encarnación:

—Puede que tenga tiempo de mandar a mi hijo por el tuyo alguna cosa.

—¿No está en Buenos Aires?—inquiere Antón el campanero, que se ha detenido en la aceña a fumar un cigarro.

—Sí.

—No es la misma nación.

—¿Pues adónde va éste?

—A la Habana.

—Bueno; pero también cae a la banda de allá.

—Muy distante.

—¿No es todo ello una república?—averigua Alfonsa, intrigada.