Aun se resiste Dulce Nombre a su fracaso; escucha con avidez, registra la sombra, lleva los ojos a las nubes como si buscase en sus repliegues la clave del enigma, y al fin retorna al molino en la más cruel desolación, sin comprender una palabra del oscuro libro de los cielos.


VI
LA PENITENCIA

A la misma hora, en Cintul un hombre enamorado y voluntarioso mordía su dolor, campo afuera, por el vero del ansar.

Muchas veces tomó un camino y otras tantas desanduvo los pasos: aquel hombre era Manuel Jesús.

Había ofrecido a don Ignacio Malgor partir a la mañana siguiente, y embarcarse en Torremar para Cuba a los tres días. Deseaba cumplir su promesa y no sentía remordimientos por haberla empeñado, aunque envolviera una renuncia al amor de Dulce Nombre.

Llegó a este acuerdo después de una batalla dolorosísima entre la conciencia y la pasión, frente a extraño rival que abordaba el asunto de una manera insólita: