—Y algo rebelde, muy amiga de hacer su gusto—añadían, con más inclinación a la censura que a las alabanzas.

Pero la historia de aquel amor que tanto dió que hablar, había pasado a la categoría del susurro. De vez en cuando, se insinuaba que Manuel Jesús podía volver y encontrar viuda a la que fué su novia. Él, por de pronto, no se casaba, vivía en constante comunicación con el país, y Malgor estaba desahuciado.

Aquella posibilidad quedábase en el olvido meses enteros, y sólo unas cuantas personas en la comarca la perseguían con interés.

La madre del viajero una de ellas. Desde la tarde lejana en que anunció cruelmente a Dulce Nombre la partida del mozo, no olvida el pesar y el amor sorprendidos en el semblante de la molinera, y sufre agobiada por un remordimiento y una gratitud que no sabe cómo probar. Colmada por el hijo de regalos y de favores, cuanto disfruta piensa que es a costa de la niña engañada, de la pobre niña sin madre, a quien vió padecer un horrible trastorno, desolada y silenciosa como un ángel mudo.

Después de las revelaciones de Clotilde a la enamorada, procuró Encarnación acercarse a ella para hacerse perdonar sus antiguas hostilidades, y al descubrir en los ojos de la moza la pasión latente y oculta, acabó por fomentársela con promesas y augurios.

—El que te compró no ha de anietar; está comalido... Tú eres una criatura que empiezas a vivir... Volverá Manuel, rico, poderoso, y os casaréis... él escribe a su hermana sólo para nombrarte... ¡cuánto te quería...! Te sigue queriendo, ¡no te puede olvidar!

La muchacha la oyó una vez con silencioso resentimiento, como a una cómplice de su rebelde esclavitud, halagada, no obstante, con el reclamo embaucador. Otro día, muy en contra de su altiva reserva, se dejó atraer por la palabra ruin y maliciosa que le decía:

—No habrás de aguardar mucho...

Y sin saber cómo, nublada la razón por el empuje del instinto, se le escapó a Dulce Nombre su más hondo y callado pensamiento:

—¡Quince años!—respondió como si hablase a solas en lo interior de su conciencia turbada.