La mujer en amores
es leña verde,
que llora, se resiste
y al fin se enciende;
luego, encendida,
ni resiste ni llora,
pero suspira...
Decíase que era Gil quien daba al aire su despecho con el cantar; y a Malgor le consolaban aquellas ingenuas interpretaciones que le suponían dichoso.
Pero se le escaparon lentamente las últimas esperanzas; iban haciéndose frágiles: insostenibles, remotas, perdían hasta el contorno vago de la ensoñación, y se desvanecieron al fin: el pobre iluso quedó frente a la realidad.