—¡Volveré pronto!
Minutos después la vió Nicolás perderse en el esplendor oscuro del bosque; bajó los párpados, que le estampaban una sombra lívida en el rostro, y murmuró con infinito desconsuelo:
—Antes que vuelva tengo que huir...
V
LOS SENDEROS DE LA MUERTE
Fué cierto que al día siguiente se marchó Nicolás para no volver a Luzmela en mucho tiempo.
Lo supo Dulce Nombre con un dolor parecido al desengaño; sentíase desairada en su intento de reconstruir un albergue a la más noble amistad de su vida. No era posible: alguna razón inquebrantable se oponía a este propósito. Y la muchacha, quejosa de su padrino, aun se dolía de la grave tristeza que arrastraba él por el mundo, como una maldición.