Así, frente a frente marido y mujer, solos con su irreparable inquietud, escucharon la transcendencia de cada rumor en las albas tardías del invierno, en el espacio tenebroso de las noches, y todavía con mayor ansiedad cuando los hervores de la primavera estallaban silenciosos bajo el perfume del heno y de los lirios, cuando el verano henchía las venas del sol y echaba las mariposas a volar como flores enloquecidas.
Y aquellas dos almas en tortura se temían sin odiarse, alejadas por el corte helado de un pensamiento, juntas en la trágica perturbación de otear un año y otro los senderos de la muerte...
TERCERA PARTE
I
LA HIJA
Ha vuelto a su casa la niña de Malgor. El padre la considera instruída tal como a una señora corresponde, y se enorgullece mirándola en plena posesión de un destino feliz. Es hermosa, rica, saludable, inteligente: sus alegrías pasan floreciendo sobre el hogar oscurecido por un drama recóndito que ella está muy lejos de comprender.
Algunas veces, cuando era chiquitina, se quedaba suspensa entre sus padres, tan distanciados por la edad, y les hacía esas cándidas preguntas de los niños que a menudo provocan un desolado rubor.