MARCELA
Y bajaban despeñados los chortales del monte. ¿Los oíste?
LUISA
¡Qué había de hacer!
MARCELA
(Con honda evocación.) Pues yo no sabía si aquel llorar tan grande era de Irene o mío, o de todas las tristezas de la vida juntas.
LUISA
Es que soñabas sin dormir.
MARCELA
Con todo y eso, no se me despertaron las agonías tan duras como ayer y ahora parece que se me derrite un poco la pesadumbre con el sol.