—Que si gana mucho jornal—pregunta la muchacha algo confusa, sin atreverse a decir todo lo que se le ocurre.

—Gana abondo: tres riales y mantenida.

—Y «abondo», es mucho... ¡Dios mío!—lamenta la niña con terror en lo profundo de su alma.

Acércase distraídamente hacia los brezos, mientras inquiere la abuela con un poco de desdén:

—¿Te gustan las albaronas?

—Son éstas, ¿no?

—Sonlo. También la urz negral da flor.

—¿Morada?

—Sí; parece de muertos... Son las más abundantes del país.