Aquellas ráfagas que la gente anhelosa de lluvia recibió como «viento de Ancares», no eran más que suspiros de la brisa mojados en la frescura natural de la noche. Y al mirar descorrido el cortinaje blanco sobre el índigo dosel, las mujeres suspiraban a la par del viento, y los ojos contemplaban desconsolado el alto horizonte azul.
Despidiéronse las dos familias en la plaza donde el forastero encontró a Marinela; cambiados los adioses, con no poca timidez en algunos labios, desapareció cada grupo en diferente calle, y como un eco de las eternas inquietudes humanas, quedó allí solo y despierto el gallardo temblor de la fuente, compadecido por un rayo de luna.
XII
LA ROSA DEL CORAZÓN
AL llegar a Valdecruces conoció Rogelio la situación de la familia Salvadores; supo asimismo que la boda de Florinda con su primo Antonio era raíz de una esperanza para la rehabilitación del hogar, y que la pobre moza, enamorada del poeta, vivía en sorda lucha pugnando heroicamente por favorecer a los suyos, sin hollar los fueros de su propio corazón.