—¡Sí, sí!—exclamó don Miguel—. ¡Quién sabe!... Llamaré a tu primo... Le llamaré en seguida como tú quieres.
—¿Y acudirá?
—Creo que sí.
—¿Antes del día de agosto?
—Antes: la semana que viene. Yo deseo que te tranquilices... Además, el tío Cristóbal amenaza con el embargo y hay que tomar alguna determinación.
—Ayer se llevó la recua.
—Ya lo sé.
—Y la Chosca.
—Eso no lo sabía.