—Lo supongo—sonríe la maestra, con pretensiones de sabiduría, y advierte:—Es muy bien parecido y elegante, de mucha labia y educación... pero este personal de pluma no suele tener hacienda... ¡Harías mejor boda con Antonio!

Vibró rudo el consejo sobre el rumor del agua fugitiva, en tanto que se alejaba Mariflor, sonriendo a fuerza de pesadumbre.

En la profunda calma del ocaso le parece a la moza infeliz que una vegetación de espinas surge debajo de sus pies y que un lamento corre por la sombra. Al llegar a su casa, busca refugio en el huertecillo, pidiéndole a Dios serenidad de ánimo, consuelo y fortaleza. Allí, escondida entre la única fronda del vergel, siente de súbito en el rostro el roce de unas alas de mariposa: es la hojita de un capullo que vuela desde el rosal.

Atravesado el pecho de las más inefables compasiones, tomó Florinda el pétalo en sus manos, y con irresistible impulso, quiso volverle a la yema sonrosada de donde había caído. Pero quedóse inerte, presa de inexplicable zozobra: era imposible unir la hoja muerta con el retoño vivo... Y la zagala sentía cómo se deshojaba también, de inexorable modo, la palpitante rosa de su corazón.


XIII
SOL DE JUSTICIA

UN día y otro posaba el sol adurente sobre la llanura.