—La felicidad no es de este mundo...
—Si argumentas así, a lo asceta...
—¡A lo maragato!—sonrió acerbamente don Miguel.
—¿Y juzgas que Florinda ha nacido para sacrificarse?
—Florinda ha nacido para obrar el bien...
—Como todo fiel cristiano.
—Pero con especial misión de bienhechora... Oye, Rogelio—añadió el cura, mirando de frente a su amigo y hablando recio, como quien tomase de pronto una determinación—. Tus intenciones son muy hermosas. Viniste a Valdecruces generosamente equivocado detrás de una mujer: si la quieres «salvar», como tú dices, no interrumpas sus pasos hacia la más segura y definitiva de las salvaciones.
—Estorbo: es indudable.
—Para que ella siga su trazado camino, sí.