—Soy un pobre cura de almas que desea cumplir con su deber. La misión mía es de paz y de amor, y en la dura tierra que labro no puedo soñar con frutos sino a costa de dolores: me esfuerzo en adulcirlos cuando es imposible evitarlos.
—No así con Florinda.
—Si ella acepta una cruz y yo la enseño a llevarla, ¿no habré dulcificado su camino?
—Todos tenemos derecho a buscar un camino sin cruces.
—No hay quien lo encuentre.
—Mientras se busca y se confía...
—Se pierde el tiempo.
—Se vive con ilusiones.
—Antes que verlas perecer, es mejor encumbrarlas.
—Ya ya; siempre el mismo asunto: la otra vida. Dios nos manda también lograr ésta.