—¿Tú?

—¡Claro!

—Nunca vi cosa semejante: ¡una rapaza tratando con el novio del casamiento!

—Mi primo no es mi novio; pero si lo fuera, con mucha más razón necesitaría hablar con él inmediatamente.

Tan firme era el acento de la niña y tan rotunda su determinación, que Ramona, obligada a transigir, quiso imponer su autoridad exigiendo:

—Olalla irá contigo.

—Que venga.

Y al volverse hacia su prima, asombróse Mariflor de hallarla sin colores, desconcertada y absorta.

—¿No vamos?—le dice.

—Pero así, sin componernos un poco...