—¡No puedo hacer más!

Ahora es Mariflor la que palidece y tiembla con un gusto amargo en la boca y un velo de turbaciones en las pupilas.

—¿Está arriba Antonio?—pregunta a Ascensión, que la recibe.

—Está.

—¿Y... Rogelio?

—No le he visto salir.

—Pero, ¿estaba con don Miguel?

—Estaba.

—Entonces...

—No oigo hablar más que a dos personas... Don Rogelio entra y sale a menudo.