—Sí.
—¿Volverá pronto?
—Eso dijo.
—¿Te escribirá mucho?
—Versos y cartas—confesó la novia.
Sentía que sólo el corazón de la zagala era allí adicto a sus amores, y por primera vez hablaba con ella en cómplice secreto.
—¡Romances!—murmuró la niña con la voz repentinamente ilusionada.
Y cerrando los ojos, en un espasmo de sentimental deleite, añadió:
—Dime aquellos de la farandulera, que los aprendimos de memoria.