—¡No!

—Entonces, ¿con quién?... No hay más camas.

—Aunque sea en el escaño de la Chosca.

—¡Mujer! ¡Si aquel rincón hiede! Da tastín a una cosa picante, así como cuando el queso rancea.

Alcanzada por un asco irresistible, Mariflor se puso de pie con instinto de fuga. ¿Dónde iba a dormir aquella noche?

—Al raso: en el huerto, en el corral—pensó heroica y rebelde.

Y Marinela, sin enterarse del tremendo sobresalto, murmuraba conmovida:

—¡Oye!

—¿Qué?