—Es que necesito morirme.

Paseando en torno del parpadeante velón, aguarda el cura que se aquiete la tremenda crisis de aquel pesar. Y cuando ya parece que a Florinda se le agotan las lágrimas y sólo quedan en su pecho suspiros, indóciles como rezago de borrasca furiosa, el confesor acerca un escabel a la doliente, y ella misma procura abrir el alma a las investigaciones que la solicitan.

Fuertes son los quebrantos que la zagala llora, no lo niega don Miguel; pero no es de criaturas cristianas el abandonarse al infortunio en estéril desesperación, olvidando la suma bondad de Aquel que tiene cuenta con los pajaricos y provee a las hormigas, y pinta las flores, y desciende hasta los más viles gusanos.

Esta prometedora evocación remueve con empuje milagroso las moribundas fibras de una esperanza. ¡Pues no había olvidado Mariflor aquellas frases tan dulces y sabidas! Con su recuerdo acuden en tropel los de la madre muerta y las lecciones aprendidas en su regazo; y un soplo inmenso de ternura levanta los sombríos pensamientos de la moza.

Lumbres de la excelsa piedad que alcanza a las hormigas y a las flores y busca a los gusanos entre el polvo, despiertan con su luz todas las piedades dormidas en el triste pecho de la enamorada. Y ya en la torrentera de la juvenil pasión, corren con las amarguras del férvido caudal muchas compasiones para cuantos seres tiemblan en las ramas del fracaso y del vencimiento, como aves castigadas por la lluvia en adversa noche: enternecida bajo la piadosa corriente de un dolor menos áspero, Mariflor escucha lo que va contando el sacerdote.

No es cierto que las noticias de América sean tan malas como ha entendido el simple de Rosicler: aunque el tío Isidoro no mejora, los temores sobre su enfermedad no son definitivos, y los médicos opinan que la vuelta al terruño quizá operase en el enfermo una beneficiosa reacción.

Cuanto al viaje del rapaz, su tío le juzga conveniente, porque, inútil Isidoro para el trabajo, le hace falta a Martín en el tenducho una persona de su confianza. ¿Que Pedro es un niño? Más niños y sin protección alguna emigran otros infelices: es necesario avezarse a la lucha por la vida y resistirla desde la niñez.

Tampoco es una desgracia nueva que trabajen a jornal Ramona y su hija. ¿Qué más tiene el surco propio que el ajeno, si exige el mismo trabajo, le riega una misma fuente y el beneficio que reporta sabe a pan moreno de una sola mies?... ¡Un poco de orgullo sacrificado es cosa tan pueril cuando se piensa que «nuestras propiedades» lindan con el cementerio!...