—No: ¡a Este!...


XVIII
LA HEROICA HUMILDAD

ARROJADAS como dos náufragos a los rigores de la suerte, Olalla y Ramona siegan sus panes y los ajenos, hacen gavillas y manojos, acerandan y criban, mueven el trillo, el bieldo y el calomón.

Ningún fiero trabajo se resiste a la necesidad y al brío de estas mujeres silenciosas y duras, imperturbables. Si Olalla desfallece un minuto, ebria de calor y de esfuerzo, su madre la sostiene y aguza con unas sílabas certeras, rápidas como un latigazo:

—¡Aguanta!—balbuce roncamente.