Soy morena, pero hermosa.
De pronto la llamaron:
—¡Eh, rapaza, Mariflor! ¿qué haces ahí?
La hermana de don Miguel esperaba atónita, contemplando a la niña.
Ella, al volverse, quedó un momento confusa, y al cabo acertó a decir:
—Pues buscaba una botica y me he perdido... Ascensión está en un almacén de la rúa Antigua comprando telas...
Conforme y calmosa, preguntó la maragata:
—¿Gustábate el escudo?
—Sí.
—Era de un corregidor perpetuo de toda la provincia, consejero del rey y mayorazgo tan haberoso, que al morirse dejó mil misas añales por su ánima.