—¿Pero no lo dejáis para la última jornada?
—Según: hay que facerlo cuando están aquí los hombres, y en pasando el día de agosto, ya marchan. Estamos a 13 y mañana es la boda; conque tiene que premitirse bien aina.
Tocan la arada del Gatiñal, y trémula Mariflor, pregunta de repente:
—Dime, Olalla, dime; oye: ¿tú quieres a Antonio?
—¿El primo?
—Sí: ¿le quieres... con amor?
—¡Mujer!
—¡Contesta!
—No te entiendo.
—¿Te gustaría ser su esposa?