—Ya, ya; ¡linda costumbre!...
—¡Y comen della!...
—Pero tú y yo nos marcharemos en cuanto caiga la tarde, porque te va a hacer daño el relente.
—No podremos dormir: la mocedad aturde a los vecinos con los trabucazos, y en cada puerta llama pidiendo aves para la tornaboda.
—Sí; ya sé que si no se las dan las cogen.
—Son derechos del novio... Mañana será la misa tempranico, y los parientes de los desposados llevan la ofrenda al señor cura.
—Eso no lo sabía.
—Un cuartillo de grano o poco más: después se repite la fiesta de hoy.
—¿Tan solemne?