—Por no despedirme... ¡tengo tan poco humor! Mañana daremos una disculpa...
—Madre también fué para casa... Oye: ¡qué triste es una boda!... ¿noverdá? A mí me hace duelo sin saber por qué...
Mariflor sólo pudo contestar con un suspiro.
XXII
LOS MARTILLOS DE LAS HORAS
CORRÍA noviembre. Ya en los robles puntisecos y en las oscuras urces palidecían las hojas para morir enfermas de la fiebre otoñal; el sol se insinuaba amarillo y remoto, dorando apenas el matiz austero del paisaje, y en la hidalga llanura de León caían las horas con infinita pesadumbre...